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28/02/2012

HUNO

No soporto a la gente que sólo sabe hablar de su trabajo, incluidos  a los músicos. Hablo de ello en una de mis últimas canciones: “músicos borrachos, autores que sólo hablan de canciones”. Con la de cosas interesantes que hay en la vida….

Siempre digo que soy afortunada por dedicarme a la música. Primero porque hago lo que me gusta y después porque me da la posibilidad de conocer a muchas personas que de dedicarme a otra cosa nunca conocería y que como yo intentan conseguir sus sueños con mucho esfuerzo, dedicación e ilusión.

Huno es la obra de un amigo, Pedro Mercado y de todo un equipo de personas  de esas de las que os acabo de hablar, de las que trabajan con mucha ilusión para conseguir un sueño.

Hace casi dos años conocí a Pedro Mercado en el cumpleaños de un amigo en común pero no fue hasta hace poco cuando conocí su verdadera pasión, el vino. Vaya día, de esos que me regala la música.

Santi Alcanda me invita a participar en el homenaje de Salitre, se cumplen 10 años de su publicación. Reunión de amigos y compañeros en Radio 3. Rebeca Jiménez, César Pop, Txetxu Madison, Luis Ramiro, Stereotipos, La Cabra Mecánica; me dejo alguno, lo sé. Después algunos nos vamos a la presentación del libro de Carlos Tarque. Como no podemos entrar porque “no entra un alma”  algunos nos vamos a una terraza a tomar algo y ahí empieza todo.

Pedro Mercado empieza a hablar que su vino Salitre está a punto de salir y claro hay que estar ciego y sordo para no sentir lo orgulloso que está de sus vinos. Hablaba de ellos como yo de mis canciones.

Aprovecho y le empiezo a preguntar por las uvas, por su elaboración, en fin, el mundo del vino es como la música, infinito. Yo le pregunto dónde puedo comprar Huno o Alunado y él como hacemos nosotros cuando sacamos de repente la guitarra y tocamos la canción nueva nos propone ir a cenar a un restaurante donde sirven su vino. Y claro, no nos lo pensamos!

Y lo que es la vida, el restaurante está en la Calle Libertad, justo enfrente del Café Libertad. Todo pintaba bien.

Pero la vida tiene sus sorpresas y al llegar al restaurante no queda Huno, se ha acabado. Es como si al llegar al estribillo de mi canción nueva se me rompen dos cuerdas.

Igual que un músico sigue tocando Pedro hace una llamada a su casa y un taxi recoge dos cajas de vino que trae al restaurante.

Esperamos a que el vino estuviera a la temperatura idónea y primer sorbo. Yo sé que me gusta un vino si con el primer sorbo ya tengo ganas del segundo.

Si tengo que llevar un vino a una cena de amigos llevo Huno porque quedo bien, porque sé de donde viene y sé que bebo una botella de ilusión.

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