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05/03/2014

Diario del viaje a Miami

Durante la semana pasada viajé a Miami, para disfrutar y asistir al Writting Song Camp. Cada día he cogido apuntes de lo que ha ocurrido, ahora lo quiero compartir con vosotros para que podáis conocer cómo fue y para poder volver a esta experiencia cuando se me vayan los recuerdos…

Día 1: vuelo y llegada

Por ahora no puedo contar muchas cosas porque prácticamente acabo de aterrizar.
El vuelo se hace eterno, sería mejor si no fuéramos como sardinas en lata pero es lo que hay. Me ha tocado viajar entre dos chicos, un futuro piloto que viene a USA para hacer horas de vuelo y lo entiendo porque en España salen a 150 € la hora y aquí 120$ y se pueden compartir así que te sale por menos de la mitad. Mi otro compañero es director de exportación en una empresa de cerámica en Castellón.
Hemos pasado las 9 horas entre charlas sobre nuestras profesiones, viendo pelis y alguna que otra incómoda cabezada.
Después de aterrizar he cogido un taxi y el tipo llevaba la radio que atronaba pero claro estaban jugando Los Miami contra Chicago. Y cuando pasamos cerca de la cancha donde juega su equipo me lo enseña.
Y por fin he llegado a Ocean Drive con todos los hoteles y restaurantes iluminados y llenos de gente tomando cócteles. He dejado la maleta y he salido porque me empieza a entrar el sueño y sólo son las 18:00. Me he dado una vuelta y he optado por salir de esta ‘crazy street’ y entrar en un cubano muy apetecible dos calles más allá. Y, ¿de qué hablaban los señores cubanos de al lado? De la Liga española de fútbol. He cenado fenomenal y ahora sí que con sueño y la barriga llena… me voy a dormir. Good night!

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Día 2. Al turrón.

Esta mañana nos habían citado a las 10h a todos los autores de este Writting Song Camp. Esto parece un chiste porque había un francés, una española, un chico de Los Angeles, una chica de Venezuela, otros de Puerto Rico pero la mayoría es Miamera, así se llaman. Hablando con ellos me cuentan que vienen aquí porque están las disqueras, las principales teles y radios, sin embargo no disfrutan mucho la vida. Como me dice horas más tardes un taxista, aquí se trabajan muchas horas. Las tiendas, por ejemplo abren de 10 a 22:30 y no cierran al mediodía. Por cierto, coger un taxi en Midtown ha sido un ejercicio de paciencia y es que lo mejor es alquilarse un coche porque es más barato y el transporte público funciona muy mal, eso me cuentan.
Me ha gustado saber que todos los autores invitados tienen, al igual que yo sus propios proyectos. La idea de estos cinco días es reunirse con el máximo de autores y hacer canciones. La verdad es que es difícil ponerse a escribir con alguien que no conoces pero hoy no se nos ha dado mal. Mañana otra jornada de composición con otros autores diferentes y por la noche fiesta final donde escucharemos todas las canciones compuestas. Bueno si colocamos alguna a mí me permitirá seguir haciendo discos y eso es lo que cuenta. Me despido, aquí son las 0:00 pero el cambio de horario se nota un montón. Buenas noches, buenos días.

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Día 3. ¿Por dónde empiezo?

Por la comida, por ejemplo. Aquí todo es a lo grande. Las hamburguesas son enormes, una simple tortilla de jamón ocupa todo el plato. Pides un zumo y te cascan medio litro. No me extraña que la gente pida para llevar lo que no acaba…
Lo que sí puedo decir es que la gente es muy amable y todo el mundo me pregunta, con cariño cómo lo estamos pasando. Y se liga mucho, ¡eh! No se cortan. Hoy un tipo se ha empeñado en invitarme a desayunar y yo venga a decir que no y el tío dale que dale. Por supuesto que pagué yo. Después el taxista que me llevó al estudio no aceptó quedarse con el cambio porque había pagado mucho y le parecí una chica amable. La verdad es que fuimos charlando todo el camino. El hablaba de sus nietos y yo de mi sobri Mateo, hombre claro.
Musicalmente hablando diré que acabó el song camp y por lo que dicen ha sido la edición con más éxito hasta el momento. Yo como he hecho un viaje largo voy a juntarme con 3 autores más, aunque creo que mañana tendré la tarde libre así que ya he visto que hay un bus que hace un tour de 90 minutos y lo cogeré para abrir boca. Después iré a ‘La Habana’ porque voy preguntando y los “miameros” me han ido proponiendo cosas de esas que no aparecen en las guías.
Por cierto, hoy todo el mundo se ha enterado de que se publica mi disco.
¡Ah! Muy importante, en el showroom de Gibson además de guitarras había pianos de media cola, uno rojo, otro azul y de princesas, uno en rosa. Madre mía, yo no he visto nada más hortera.
Bueno, voy a dormir un rato y descansar que entre el calor, la gran humedad y el cambio de horario a estas horas ya no doy más de sí. Un consejo, si venís a Miami, alquilar un coche, el taxi es carísimo y alquilar puede salir por 35$ al día. Good night!

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Día 4. El calor aprieta.

Hoy ha hecho más calor que los días pasados y con tanta humedad parece que hace más…
Fui a desayunar a un café que había visto el día anterior y la gran sorpresa fue que tenían unas galletas de chocolate sin gluten buenísimas. Mañana repito, of course!
La mitad del día lo he pasado en el edificio de Warner componiendo con un gran autor que vive aquí pero que es de Venezuela y a comer hemos ido a un restaurante griego. Estaba todo buenísimo salvo el café turco. ¡Madre de Dios! Ponen el agua hirviendo directamente sobre los granos. Se deja reposar un par de minutos y pa´ dentro. Lo probé, sí, porque si me lo tomo entero no vuelvo a dormir hasta el año que viene.
Por la tarde he podido por fin dar un paseo de día por Miami Beach, su playa, el puerto o La Marina que lo llaman aquí. El paseo típico donde van corriendo, paseando con los perros, las bicis, vamos como lo que sale en las pelis. La verdad es que Ocean Drive es como el catálogo del Corte Inglés de verano en vivo. Todo el mundo va en bañador o medio desnudo.
Mañana he vuelto a quedar con otro compositor y espero poder ver The little Havana y Lincoln Road.
Ahora la anécdota del día. Me he cruzado en la calle con el tío pesado del otro día. Me ha dado dos besos como si nos conociéramos de toda la vida y me ha dicho: “No me llamaste, ¿quedamos mañana para desayunar?” My God!

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Día 5. El espíritu de Miami.

Algunos dicen que Miami tiene el espíritu latino pero con la infraestructura americana más relajada. Porque si vas a Oklahoma, allí bañan las vacas dos veces.
Hoy fui por la mañana a desayunar mi capuchino y galleta sin glutén aunque Lázaro, A&R de Warner me trajo un pastel de guayaba y queso que desayunan aquí y que debía probar. ¡Buenísimo! Le llevaría uno a mi madre pero estos americanos lo mismo me la montan en el control.
Lázaro, también me ha llevado a The little havana. Cuando llegaron los cubanos se asentaron en esa parte de la ciudad. Ahí son las casas más baratas y también más sencillas. La calle principal está llena de pequeñas tiendas, teatrillos y un pequeño parque muy conocido porque ahí van los señores ya jubilados a jugar al dominó.
Después he ido a otro estudio y sólo he salido para comer un plato de pollo asado con puré de patata y menestra. La verdad es que yo he comido muy bien todos los días aunque he de reconocer que dos días he cenado hamburguesa por propia elección.
Por la tarde, de vuelta al hotel he pasado por el centro financiero de Miami lleno de edificios altísimos, una gran diferencia con bajos edificios estilo Art Decó de South Beach donde me alojo.
He dejado la guitarra en el hotel y me he ido a Lincoln Road, la zona de tiendas más pijillas de por aquí. Y en medio del paseo… ¡cataplán! Lluvia, sí, ha empezado a llover y bien. Y yo que estos días he pasado calor he seguido paseando y de vuelta me he topado con Española Way con restaurantes españoles, italianos, cubanos, tiendas de souvenirs….
Bueno, mañana parece que no curro, creía que sí pero si no, cogeré un bus turístico que dura 3 horas y me daré una vuelta. Y a las 22:50 cogeré el avión de vuelta y habrá acabado mi visita ahora que ya estaba adaptándome al horario…

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Días 6 y 7. El viaje se acaba.

Ayer no pude escribir la crónica del día. No había wifi free en el aeropuerto así que aproveché para hablar con gente. Me gusta. Un padre venezolano y su hijo de 5 años residentes en Canarias venían de Orlando de ver a la familia. Hacía 5 años que el señor no cogía vacaciones y se habían fastidiado a última hora cuando se enteró de que le habían sacado de su tarjeta 5000€. ¡Sin palabras!
Estos días, a pesar de que era un sitio nuevo no me he sentido sola en ningún momento. He hablado con gente de todas partes, he intercambiado pareceres. He podido hablar de todo, pasear tranquila y aprender. Los viajes son la mejor escuela.
Mi último día ayer en Miami lo pasé entre autobuses y el avión.
Primero cogí el bus turístico que recorre la playa, luego el que recorre la ciudad. El guía fue un chico entregado. Que si aquí celebran los triunfos los Heat, que si aquí vino Obama a comer un sandwich y tuvieron que cerrar la calle, que ahí vive Enrique Iglesias, que allí Shaki o sea Shakira, que aquí ganó Cassius Clay…
Terminé comiendo a las 4 de la tarde en la playa viendo al hombre de mi vida jugar al voley playa. My God! No se lo pude decir porque en unas horas salía mi vuelo, si no… ¡tampoco!
La vuelta en el avión la pasé durmiendo y viendo Agosto, una peli que no pude ir a ver al cine. Seguro que en pantalla grande mejoraría algo más pero no es un peliculón, en mi opinión.
Qué alegría oír: “buenos días, ¿quiere café?” Ay, ya queda poco para llegar a casa. Y nada más aterrizar… whatsApp: “Familia ya estoy en Madrid” y en ese momento mi teléfono cobra vida del montón de sms, comentarios de facebook y tweets que recibo.
Este viaje le he disfrutado mucho porque es trabajo pero sin los nervios de tocar en directo.
La ciudad de Miami ya os he ido contando que es un contraste entre los edificios altos de Downtwon y las zonas residenciales con casas y mansiones impresionantes de Coral Gables, de la bahía o esas islas donde viven los millonetis.

Entre nosotros Ocean Drive muy playero y mucho despendole, igual que en algunas de las zonas turísticas nuestras que todos sabemos. Miami Beach es como dicen allá ‘bien linda’. Su clima, sus gentes, sus restaurantes, la luz, la música por todas partes y esa actitud como si estuvieran todo el día de vacaciones la hace especial y acogedora. Miami es realmente el sueño americano y lo fue para mí por unos días porque yo ya no puedo vivir lejos de mi familia ni de vosotros.
Ya estoy en casa. Un abrazo y buenas noches.

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